Tócala otra vez Sam

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  • 23 Ene, 2013
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    “Tócala otra vez Sam”, le pedían Ilsa y Rick al pianista Sam en un bar de Casablanca durante la Segunda Guerra Mundial. Y el pianista tocaba la famosa canción “As time goes by”. Por el contrario, a nuestros niños no hace falta que les pidamos que vuelvan a hacer sonar la melodía de sus juguetes, o que vuelvan a golpear la caja de cartón con una espátula de madera como si de un bombo se tratase.

    Cada año por estas fechas, más o menos un par de semanas después de que se hayan acabado las fiestas, recibo las reacciones de mi familia y amigos sobre los resultados de los juguetes que han traído los Reyes. Siempre tengo un gran interés en conocerlas. De hecho, casualmente, acostumbro a proporcionarles esos juguetes; con lo cual la información sobre ellos me interesa mucho. Saber cuáles llaman más la atención, o aquellos que por la mañana pasan desapercibidos pero al día siguiente juegan con ellos todo el día, aquellos con los que juegan sólos o aquellos para los que buscan compañía para jugar, o cuáles llegan a convertirse en el juguete preferido.

    Normalmente, las opiniones son positivas, cosa que me place enormemente. Pero muchas veces me sorprenden. Y algunas otras me hacen reír. Una amiga me llamó y me comentó que su hija estaba encantada con el peluche musical que le habían regalado. Por el contrario, ella consideraba aquel juguete odioso. La niña no hacía más que repetir y volver a repetir la misma canción. La madre me explicaba que tenía aquella canción tan interiorizada que la escuchaba aunque no estuviera sonando. Incluso había llegado a quitarle las pilas al peluche unas horas al día, a costa de la preocupación o incluso enfado de su hija durante esos ratos. A mí esta conversación me produjo gran hilaridad. ¡Y más pensando que aquella melodía “infernal” estaba interpretada por la dulce y melodiosa voz de la cantante Gisela!

    En otra ocasión, esta vez lo vi con mis propios ojos, un niño recibía un puzle infantil con unas bonitas ilustraciones de animales. Mientras él trataba de montarlo, su hermano pequeño dejó un vistoso coche con luces y empezó a jugar con la caja del puzle. La abría y cerraba una y otra vez. La cogía, la levantaba y la dejaba caer. Cuando su hermano mayor se dio cuenta, reclamó su derecho de propiedad sobre la caja con el correspondiente berrinche del pequeño. Finalmente, los mayores tuvimos que mediar en el conflicto y establecer un pequeño pacto con el mayor. Aquel niño de dieciocho meses jugaba con la caja de un juguete. Los colores, las ilustraciones, el tacto del cartón, algo en un objeto inerte había llamado su atención más que una luz y una sirena. Aquella reacción me sorprendió.

    Los Magnetics, juegos de piezas imantadas junto con una lámina metalizada, ofrecen múltiples combinaciones. Y son juegos que proporcionan ratos de ocio a lo largo del tiempo, incluso a lo largo de los años. El hijo de unos amigos utilizaba la puerta del frigorífico como lámina magnética en la que podías encontrar un día una cara u otro día animales de la granja. Supongo que era un modo de emular a sus padres, que tenían la parte superior de la puerta llena de imanes; recuerdos de viajes realizados por ellos o por sus amistades. La verdad es que era una gran idea utilizar aquella gran superficie blanca para jugar. A su vez, proporcionaba al frigorífico un aspecto simpático y desenfadado.

    Es divertido e interesante conocer el uso que hacen los niños de sus juguetes. Y es altamente gratificante saber, o mejor ver, como juegan con ellos. Y a veces, nos sorprenden las reacciones y los modos de jugar que tienen. De hecho la mejor recompensa es ver como, un año más tarde, mi familia y amigos vuelven a darme su confianza y vuelven a pedirme los juguetes para sus niños. Significa que han aprobado su examen particular y han cumplido la función para la que fueron creados. Por mi parte, yo estoy encantado de que lo hagan.

    Así que este año vuelvo a estar dispuesto a que me pidan catálogos, información, opinión o novedades. Al igual que el pianista del Bar de Rick en Casablanca volvía a tocar la canción cuando Bogart o Bergman se lo pedían, yo volveré a tocar la canción de los juguetes cada vez que me lo pidan. Y me gustará volver a escuchar sus opiniones. Sus historias me divertirán y algunas me sorprenderán. Por tanto, ¿a qué esperáis? Contadme lo que os ha llamado la atención al ver jugar a vuestros niños con sus juguetes.

    Por cierto, sólo como curiosidad, comentar que en la película Casablanca ninguno de los actores pronunciaba la frase “Tócala otra vez Sam”. Tanto en la versión original en inglés, como en la doblada en castellano, simplemente le pedían a Sam que la tocara. Fue una de las primeras películas de Woody Allen la que añadió “otra vez” a la leyenda y se encargó de confundir el ideario popular.

     

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